Rosalia de Castro

Del rumor cadencioso de la honda,

y el viento que muge;

el incierto reflejo que alumbra

la selva o la nube;

el piar de alguna ave de paso;

del agrestre ignorado perfume

que el céfiro roba

al valle o la cumbre;

mundos hay donde encuentran asilo

las almas que al peso

del mundo sucumben.

Rosalia de Castro



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