Los hospitales siempre fueron lugares pesados donde pasar la tarde

Vivo en constante guerra,

y son dos los bandos,

por una parte la locura y por otra la cordura,

por una parte la esquizofrenia y por otra mi conciencia.

Ella, la esquizofrenia, siempre violenta,

tiene sus armas:

el dolor, la tortura, la tristeza, el incordio,

yo, humano y falto de la suficiente experiencia,

buscó las mías,

cada día una nueva, cada día un reto.

En medio de las dos,

la droga,

alimentando mi adicción y dándole vida a mi enemiga,

una familia, una casa, unos amigos, nostalgia,

un no poder estar estar que muy pocos aguantarian.

¿Una cura?¿Un remedio?¿Una solución?¿Una meta?

poner fin a esta locura,

pero no puedo dejar las drogas,

y mientras haya drogas seguirá existiendo la esquizofrenia.

¿Como ponerle fin a este infinito triángulo en el que estoy atrapado?

¿Como acabar con toda esta locura?

Si podría darle fin tan sólo con desearlo…

Si se curase con una pastilla y leche caliente…

Llegara el día en que todo acabe,

llegara el día en que la droga no me domine,

y entonces se calmaran las aguas,

entonces llegara la tan ansiada y necesita paz a mi alma.



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2 comentarios en “Los hospitales siempre fueron lugares pesados donde pasar la tarde

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